por Jorge Zambrano
Me gustó mucho el artículo de mi compañero Juanky, yo creo que la mayoría leemos eso y nos sentimos identificados porque hemos estado ya varias veces en la misma situación. Quiero ahora yo compartirles una experiencia relacionada con el tema de quien se supone que debe de pagar las cuentas…
Para explicar bien esta anécdota hay que describir a los 6 involucrados y su situación en aquel entonces:
- Mariana – estatus: con novio, ocupación: estudiante
- Liz – estatus: con novio, ocupación: estudiante
- Sandra - estatus: soltera, ocupación: estudiante
- Paco – estatus: con novia, ocupación: profesionista
- Sergio – estatus: soltero, ocupación: estudiante
- Jorge Zambrano – estatus: soltero, ocupación: estudiante
Todo comenzó una vez en la que estábamos los 6 involucrados y el resto de la bola en una bar. Ya en el declive de la fiesta, Mariana propone ir a cenar tacos y comienza a preguntarle a la bola que a quién le gustaría ir. Total, los que nos terminamos animando fuimos los 6 mencionados, más que todo por convivir, por la insistencia de Mariana y “pues bueeeno si me echo 1 o 2 taquillos…” Cabe mencionar que esta anécdota ocurrió hace años y en ese entonces yo era todavía un estudiante, por lo que dependía totalmente del dinero que me daban mis padres semanalmente. No voy a entrar en detalles, pero, estaba bastante limitado de presupuesto, no me alcanzaba para andar “padroteando”. Tenía que racionar las idas a discos, a conciertos o las salidas “todo incluido” con chavas con lo que tenía de la semana pasada o ya dar por gastado lo de la próxima y atenerme a las consecuencias.
Llegamos a los tacos, no recuerdo cuánto dinero llevaba y tampoco tenía tanta hambre así que decidí limitarme a un billete de cincuenta pesos que traía. Terminamos de cenar y nos traen la cuenta. Yo ya tenía previsto lo mío así que eché mi billete de cincuenta y me desentendí. Sergio saca un billete de cien pesos o algo así y Paco también saca dinero. Liz hace un movimiento como que va a agarrar algo de su bolsa y Paco: “No no no no no… así esta bien…”, Liz no opuso resistencia alguna. Enseguida la atención pasó a Sandra y con solo la mirada le hizo entender que ella tampoco intentara nada… Yo noté lo sucedido, claro, pero aún no estaba al tanto de la situación porque realmente no estaba poniendo atención. En eso me dice Paco: “Es que nombre… que van a andar pagando…”, yo seguía distraído: “ah okay, está bien…” ¡Inocente! Luego vinieron 10 segundos confusos e incómodos que nadie entendía que era lo que estaba sucediendo, todos volteando a ver a todos y nadie decia nada…
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Finalmente Paco de mala gana saca más dinero de su cartera y lo pone. Se llevan la cuenta, agarramos los chicles y nos despedimos. En ese momento me percaté de lo sucedido, el comentario era una indirecta muy sutil para darnos a entender a Sergio y a mí que pusiéramos más dinero para completar el gasto de ellas porque “que van a andar pagando”, ahí entendí el verdadero significado de esa frase… ¡Pues entonces que pague el! Se fue el resto y se acerca Sergio conmigo: “Oye, ¿qué es lo que acaba de suceder? No entendí… ¿Las terminamos patrocinamos o qué fue? Se supone que a mi me tocaba x feria y no me llegó nada…”
Me pareció totalmente fuera de lugar e innecesario el gesto de pagar. Si alguien se quiere ver “super lindo”, pues que no ande involucrando a terceros. Aparte, iniciamos el plan animándonos también a ir de la manera más casual y que termine el plan sin habernos dado cuenta, como si nosotros las hubiéramos *invitado a salir* (*connotación de date) con nosotros. Aparte fue tan bizarra la situación que todos nos paramos viéndonos a todos de reojo con las orejas bien paradas y nomas nos despedimos sin decir más, ya nadie le quiso indagar al asunto. Se echó dinero al centro, se hizo un revoltijo mágico y quien sabe como pero ahí quedó. Ni si quiera quedó claro quién se supone que le pagó a quien o que, de manera que por lo general le agradecerían a uno después de ello. En fin, ese fue el relato…


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